
Tengo atorada la sonoridad de tu nombre entre la aurícula y el ventrículo izquierdo, presionando con fuerza para extenderse rompiendo al medio mi emocionalmente frágil tabique como si fuese la simple rama de un árbol, en un bosque inmenso, y vos cada una de las letritas de tu nombre un hachazo.
Necesito (pero no quiero) un golpe de aire, que me arrebate tu nombre de las manos.











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